Venezuela: La pandemia del fin del mundo

José C. Ugaz SM*

De cómo la gran corrupción y su cleptocracia funcional, destruyeron una nación, condenando a la desgracia a millones de venezolanos, que pasaron del sueño de Bolívar a una pesadilla interminable.

La gran corrupción es como el coronavirus. Así como éste se introduce en los organismos en silencio y no se hace visible hasta que ya se apoderó de ellos, la corrupción va socavando las estructuras del Estado y sus instituciones, soterradamente, hasta que es muy tarde para prevenirla. Como el virus, la corrupción tampoco distingue género, edad o clase social, aunque sin duda alguna, golpea con fuerza a los más vulnerables, para quienes muchas veces resulta fatal. Y como lo estamos viendo con la COVID-19, la corrupción también profundiza la pobreza y destruye la economía. Al igual que el micro-organismo, se contagia fácilmente, se esparce sin límites, y no tiene cura, sólo puede controlarse en sus efectos terminales con ciertas vacunas. A esto se suma que no es estática, se va transformando, cual nueva cepa resistente a los anticuerpos, lo que hace muy difícil su erradicación.

Lo ocurrido en Venezuela no es la historia de una revolución fallida ni de un régimen incompetente. Se trata de una red criminal cívico – militar en el poder que deliberadamente ha desmontado la infraestructura productiva del país y creado mecanismos corruptos de control de alimentos, gasolina, divisas y drogas, para generar un mercado negro en el que se han enriquecido fabulosamente. La utopía socialista ha sido enterrada bajo toneladas de corrupción. 

Según Transparencia Internacional, la gran corrupción es el “abuso de poder de alto nivel que beneficia a pocos al costo de muchos, y causa un daño extendido y serio a individuos y la sociedad. Usualmente permanece impune”.  Este tipo de corrupción, se caracteriza por la presencia de varios factores, que en el caso de Venezuela, se cumplen al pie de la letra, como un libreto de manual:

Factor Económico

Involucra gran cantidad de recursos. Las cifras de lo robado en Venezuela por los cleptócratas comandados por Chávez y Maduro, son fabulosas, ridículamente grotescas. Se calcula que entre el 2002 y 2015, se desviaron US$ 120,000 millones de dólares en corrupción. Se pagaron más de US$ 20,000 millones a Odebrecht por obras de transporte no realizadas. Se perdieron $ 31,000 millones por contrabando de gasolina en la última década, y sólo en el caso “Money Flight”, se detectó un desfalco de $ 1,200 millones, mientras que otros 5 casos de corrupción en el extranjero, suman $ US15,000 millones de dólares. Sin embargo, todo cálculo es modesto, teniendo en cuenta que PDVSA, la fuente principal de saqueo del régimen, generó US$ 1,300 TRILLONES de dólares entre el 2001 y el 2015.

Factor Político

Los principales autores del pillaje son altos funcionarios del régimen en el poder. Un reciente estudio realizado por Vortex, demuestra la existencia de una “súper red de corrupción” concentrada en pocos actores gubernamentales. Maduro concentra el 75% de las interacciones corruptas (hub), y aparece con el mayor indicador como puente estructural en los flujos de la red (betweenness), seguido de otros rostros visibles del régimen, como José Cabello, Tareck El Aisami, Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez, Hugo Carbajal, Rafael Ramírez, Alejandro Andrade, Nervis Villalobos y cómplices como Raúl Gorrín, Alejandro Betancourt, Alex Saab y José Murat, entre otros. 

Factor Sistémico

Como lo han demostrado todas las investigaciones sobre corrupción en Venezuela, se trata de actos planificados que forman parte de la compleja estructura delictiva implementada por el régimen, la misma que implica a altos funcionarios del gobierno, jerarcas militares, y aliados del sector privado venezolano (boliburguesía), y del extranjero.  

Factor Social

No cabe duda que la gran corrupción en Venezuela afecta derechos fundamentales y libertades políticas de manera dramática, a tal punto que ha generado una crisis humanitaria de dimensiones horroríficas. El 61% de adultos se acuesta sin haber comido dos veces al día; hay una pérdida de 11kg en promedio por adulto venezolano (un venezolano medio consume menos de 500 calorías al día, cuando el mínimo recomendable son 2000), el 33% de niños tiene retardo de crecimiento en sectores populares; 18.7 millones de personas no tienen acceso a atención básica de salud; han ocurrido 20,000 muertes infantiles entre 2017 y 2019. Existe una mafia de alimentos bajo el sistema de “Cajas Clap”, que ha involucrado US$ 7,000 millones en 3 años. Existe una crisis de desabastecimiento de energía eléctrica y gasolina. Hoy, los miles que comen de la basura en Venezuela no son indigentes, son familias que se han pauperizado producto de la crisis humanitaria. Más de 5´500,000 venezolanos se han visto obligados a migrar en situaciones muy precarias, viviendo en su mayoría en condiciones inhumanas en diversos países del mundo. En materia de gobernabilidad, la represión y violación de los derechos humanos a cargo del SEBIN, se expresa en las mazmorras que albergan a cientos de presos políticos en “La Tumba” y el “Helicoidal”. En días pasados, las bandas criminales promovidas por el gobierno se han autonomizado y tuvieron sitiado a un sector de Caracas por tres jornadas con armamento que incluía lanzamisiles y pertrechos de guerra, dejando un saldo de 27 muertos.

Factor Impunidad

Toda cleptocracia se asegura su propia impunidad. En Venezuela el sistema de justicia ha sido cooptado por la red corrupta en el poder, al punto que los magistrados de la Corte Suprema, la Fiscal de la Nación y jueces y fiscales de diversa denominación, han sido obligados a emigrar al extranjero. El resultado es obvio: nadie investiga ni sanciona la corrupción en Venezuela (mientras que en el extranjero existen más de 85 procesos contra cleptócratas venezolanos por lavado de activos, corrupción y narcotráfico). Aunque el adagio popular sostiene que ‘no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista”, es de esperar que este terrible mal implementado contra una nación entera, llegue a su fin pronto, por el bien de millones de venezolanos convertidos en víctimas inocentes por la ambición de unos cuantos. Gran reto para las fuerzas democráticas del país y la comunidad internacional.  


*Socio en Benites, Vargas y Ugaz Abogados y ex presidente de Transparency International.

Foto: AP Photo/Matias Delacroix

Acerca de Justicia en las Américas

Este es un espacio de la Fundación para el Debido Proceso (DPLF, por sus siglas en inglés) en el que también colaboran las personas y organizaciones comprometidas con la vigencia de los derechos humanos en el continente americano. Aquí encontrará información y análisis sobre los principales debates y sucesos relacionados con la promoción del Estado de Derecho, los derechos humanos, la independencia judicial y el fortalecimiento de la democracia en América Latina. Este blog refleja las opiniones personales de los autores en sus capacidades individuales. Las publicaciones no representan necesariamente a las posiciones institucionales de DPLF o los integrantes de su junta directiva. / This blog is managed by the Due Process of Law Foundation (DPLF) and contains content written by people and organizations that are committed to the protection of human rights in Latin America. This space provides information and analysis on current debates and events regarding the rule of law, human rights, judicial independence, and the strengthening of democracy in the region. The blog reflects the personal views of the individual authors, in their individual capacities. Blog posts do not necessarily represent the institutional positions of DPLF or its board.

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