Violencia, corrupción, impunidad y justicia transicional en América Latina

Daniel Vázquez*

América Latina ha pasado por largos procesos de transición a la democracia, comenzando con República Dominicana y Ecuador en 1978, Perú (1980), Honduras (1981), Bolivia (1982), Argentina (1983), El Salvador (1984), Guatemala, Brasil y Uruguay en 1985, Paraguay y Panamá en 1989, Chile (1990) y México (2000). Como resultado de esta ola transicional, hubo una gran expectativa en que estos procesos de democratización tuvieran un impacto positivo en la disminución de las violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, el resultado no fue el esperado, entre otras cosas, porque la élite político-económica de la región utilizó prácticas no constitucionales para obtener el poder político. En consecuencia, los golpes de Estado, fueron y hoy en día son en algunos países de la región, una práctica común que desvió la atención de los Estados sobre la necesidad de consolidar y dotar de calidad los procesos democráticos, esto es, construir un sólido Estado de Derecho, elaborar pesos y contrapesos con órganos realmente autónomos, priorizar la transparencia y la rendición de cuentas en el ejercicio gubernamental y, especialmente, hacer de la distribución igualitaria de recursos económicos y políticos el principal objetivo de gobierno para generar sociedades políticas más horizontales.

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Verdades sean dichas: las democracias liberales son menos Charlie de lo que aparentan

Autor: Daniel Cerqueira* para Asuntos del Sur

torture2Tras la masacre de los trabajadores del Charlie Hebdo ocurrida hace algunas semanas, mucho se ha debatido sobre la forma como las democracias liberales deben enfrentar el radicalismo ideológico. En su primera alocución tras el atentado, François Hollande reivindicó uno de los principios de la república inspirada en Voltaire: “la libertad siempre será más fuerte que la barbarie”. Con una admirable prudencia, el presidente francés aclaró que ese crimen hediondo en nada se vincula al islamismo ni a un supuesto choque entre civilizaciones, sino al fanatismo de quienes desprecian los derechos humanos como cemento de la convivencia.

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