Make frivolous litigation great again? Where things stand with the Trump campaign’s election lawsuits and the potential role of the Supreme Court

Katharine Valencia*

Versión en español aquí.

On Saturday, November 7 – four days after Election Day – most major media outlets reported that Joe Biden was the projected winner of the presidential race against incumbent Donald Trump. It is standard practice in the US for elections to be called based on unofficial vote tallies reported by states, before being officially certified several weeks later. According to current popular vote tallies, Biden received about 5.5 million more votes than Trump; but more importantly, Biden is projected to cross the threshold of 270 votes in the electoral college (the proportional state-based system for electing the president) required to win. In normal times, this would result in the losing candidate conceding the race, and the process of certifying votes would be little more than a formality in terms of the final outcome.

However, we do not live in normal times and Donald Trump is anything but a typical president. Trump declared that it is he who is the winner, and that massive fraud had occurred in swing states where tallies showed that Biden had prevailed. Indeed, Trump had signaled for months that he would not concede and that he could only lose if the election was rigged. The Trump campaign and the Republican party have filed multiple lawsuits before and after the election to contest the validity of certain ballots. In the public sphere, Trump and his supporters continue to allege widespread voter fraud, without evidence. This post will provide an overview of the current state of election litigation and consider the likelihood that the US Supreme Court could play a decisive role.

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¿Litigio frívolo en los Estados Unidos? Litigios electorales planteados por el equipo de Trump y el posible rol de la Corte Suprema

Katharine Valencia*

English version here.

El sábado 7 de noviembre —cuatro días después de la jornada electoral—la mayoría de los medios de comunicación informaron que se proyectaba que Joe Biden había ganado las elecciones presidenciales frente al actual presidente Donald Trump. En Estados Unidos es habitual que el resultado de las elecciones se anuncie en función de conteos de votos no oficiales informados por los estados antes de su certificación oficial, que se produce varias semanas más tarde. Según los últimos conteos de votos, Biden recibió alrededor de 5,5 millones más de votos que Trump, pero lo más importante es que se proyecta que Biden superará el mínimo de 270 votos en el Colegio Electoral (sistema proporcional vinculado a los estados que se utiliza para elegir al presidente) necesario para ganar. En épocas normales, el candidato perdedor hubiera aceptado la derrota y el proceso de certificación de votos sería poco más que una formalidad a efectos del resultado final.

Sin embargo, no vivimos en épocas normales y Donald Trump no es para nada un presidente común. Trump declaró que él es el ganador y que en los estados clave donde los conteos de votos demostraban que Biden había triunfado se había cometido un fraude masivo. Lo cierto es que desde hace meses Trump ha estado dando señales de que no aceptaría la derrota y de que solo podría perder si los comicios estuvieran amañados. El equipo de campaña de Trump y el partido republicano iniciaron varias acciones judiciales antes y después de las elecciones para impugnar la validez de determinadas boletas. En el ámbito público, Trump y sus partidarios continúan afirmando, sin aportar pruebas, que hubo fraude electoral generalizado. En este artículo se ofrece una breve descripción del estado actual de los litigios electorales y se analiza la posibilidad de que la Corte Suprema de Estados Unidos pueda desempeñar un papel decisivo.

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