La labor del defensor, pervertida

Luis Pásara*

Hasta hace algunos años, dedicarse a la defensa en materia penal era visto como uno de los últimos peldaños del ejercicio. Se trataba de ocuparse de casos de gentes acusadas de lesionar, matar o violar a otra persona; los defendidos, por regla general eran sujetos que se movían en los márgenes de la sociedad. Para muchos de esos procesos no había abogados particulares disponibles y los entonces llamados abogados de oficio –hoy defensores públicos–tenían que hacerse cargo por obligación.

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