Corruption on the Gualcarque River — Will Its Victims Have their Day in Court?

Naomi Roht-Arriaza**

Who are the victims of grand corruption?  The answer used to be “no one” or, at best, the state itself.  But especially with the advent of a human rights approach to corruption in the Inter-American and United Nations human rights systems, that perception is slowly changing.  Grand corruption affects the full range of human rights of individuals and groups.  When rights are violated, states have an obligation under international law to investigate, prosecute, and provide redress.  The UN Convention Against Corruption mirrors this requirement in Article 35. 

And yet national courts have been reluctant to recognize the rights of those who have suffered damage — either to participate in proceedings involving grand corruption or to recognize them as victims due compensation.  In part, the reluctance stems from difficulties legal doctrine creates for establishing the causal link between a specific act of corruption and harm to a specific person or group.   To create the same “justice cascade” as in human rights cases, corruption victims should be able to seek relief through either a criminal or civil action and as either individuals or communities or through representative organizations.  Where a state prosecutor has brought charges, victims should be able, as they can in  France and Spain, to be full participants in the prosecution.      

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Fraude en el Río Gualcarque – ¿Tendrán las víctimas su día en los tribunales?*

Naomi Roht-Arriaza**

¿Quiénes son las víctimas de la gran corrupción?  Hasta hace poco, la respuesta solía ser “nadie” o, en el mejor de los casos, el propio Estado.  Pero, especialmente con la llegada de un enfoque de la corrupción desde los derechos humanos en los sistemas internacionales de protección, tanto interamericano como de las Naciones Unidas, esa percepción está cambiando lentamente.  La gran corrupción afecta toda la gama de derechos humanos de individuos y de grupos.  Cuando se violan estos derechos, los Estados tienen la obligación, en virtud del derecho internacional, de investigar, perseguir, procesar y otorgar reparación.  La Convención de la ONU contra la Corrupción refleja el requisito de acceso a la justicia en su artículo 35.

Sin embargo, los tribunales nacionales se han mostrado reacios a reconocer los derechos de quienes han sufrido daños, ya sea para participar en los procesos judiciales relacionados con la gran corrupción o para ser reconocidas como víctimas que deben ser reparadas.  En parte, la reticencia se debe a las dificultades que crea la doctrina jurídica para establecer el vínculo causal entre un acto específico de corrupción y el daño a una persona o grupo concreto. Para crear la misma “cascada de justicia” que se aprecia en los casos de graves violaciones de derechos humanos, las víctimas de la corrupción deberían poder solicitar reparación mediante una acción penal o civil, sea como individuos o comunidades o a través de organizaciones que los representen.  Cuando un fiscal haya presentado cargos, las víctimas deberían poder, como en Francia y España, participar plenamente en el proceso.     

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