Las desapariciones hoy: Algunos aprendizajes y herramientas desde la región noreste de México

Karina Ansolabehere*

Las desapariciones en México no son un fenómeno nuevo pero a partir de 2006 su número se incrementó exponencialmente y se cometen en buena parte del territorio del país. De acuerdo con las cifras presentadas a principios de este año por la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas, 61637 personas se encontraban desaparecidas a lo largo del territorio. La magnitud da cuenta de la crisis de derechos humanos que vive el país en el marco de una democracia electoral. Lamentablemente, esta no es una realidad solo mexicana sino compartida con otros países de América Latina.

Ante este problema desde la academia se organizaron diferentes grupos de investigación para atender las necesidades de las víctimas y buscar soluciones. Las reflexiones que se presentan a continuación resultan de los 5 años de trabajo de uno de estos grupos: el Observatorio Sobre Desaparición e Impunidad en México (ODIM)[1]. En este recorrido, en diálogo con organizaciones, periodistas, grupos de familias, autoridades y académicas, logramos identificar algunas dinámicas que presentan las desapariciones en la región noreste de México, así como herramientas útiles para investigar este fenómeno que también podrían serlo para otros colegas interesados en el tema.

Las siguientes son algunas de las herramientas que utilizamos y que nos permitieron caracterizar con mayor precisión a estas violaciones de derechos humanos en la región compuesta por Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

  1. Calendarios, relojes, y mapas. Las desapariciones en el espacio y en el tiempo.

Las desapariciones no se producen uniformemente en el espacio y en el tiempo. Por lo que para comprender sus dinámicas es necesario además de contar con información básica, hacer uso también de algunas herramientas para complejizar el análisis. Para esto necesitamos calendarios y relojes y mapas.  Hay momentos en que las desapariciones aumentan y hay lugares en que tienen mayor intensidad.

Gráfica 1. Evolución de las desapariciones en Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas

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Fuente: Elaboración propia con base en los datos del Observatorio sobre Desaparición e Impunidad en México construida a través de la información documentada por CDFJL, CADHAC, Grupo Vida, Alas de Esperanza y Familias Unidas.

El incremento de este tipo de violaciones de derechos humanos se inicia en 2007 y alcanza su pico entre 2011 y 2012, cuando disminuyen aunque continúan ocurriendo.

Así como no se distribuyen de manera homogénea en el tiempo tampoco lo hacen en el territorio como se observa en el siguiente mapa de la región noreste.

Mapa 1: Distribución de las desapariciones en la región noreste de México.

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Fuente: Elaboración propia con base en los datos del Observatorio sobre Desaparición e Impunidad en México construida a través de la información documentada por CDFJL, CADHAC, Grupo Vida, Alas de Esperanza y Familias Unidas.

Los municipios pintados en rojo son aquellos que más desapariciones tienen y su ubicación geográfica nos ofrece información adicional: son municipios fronterizos con pasos a los Estados Unidos: Reynosa, Nuevo Laredo, Piedras Negras, o bien áreas conurbadas importantes políticamente como las ciudades capitales o económicamente como la región de la Laguna en Coahuila.

Las herramientas para localizar y temporizar las desapariciones además se pueden complementar con otras para precisar sus particularidades.

  1. Quiénes desaparecen. Fotos, identificaciones y registros.

La pregunta sobre quiénes desaparecen es clave para entender los mecanismos que operan en las desapariciones. En el noreste de México las personas que desaparecen tienen las características siguientes:

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Son más hombres que mujeres, pero las mujeres son mas jóvenes y más pobres.

Es decir, existe un grupo de personas con mayores posibilidades de desaparecer qué otras.  Son personas jóvenes y humildes: empleadas domésticas, pequeños comerciantes, choferes o estudiantes. No son activistas ni tienen participación política en su mayoría. No pertenecen a las élites de las entidades federativas.

  1. Los perpetradores. Patrones y rastros. 

Una de las cosas con las que se tiene que lidiar cuando se analizan las desapariciones es con la falta de información. Este rasgo es constitutivo de la práctica. Desaparecer implica esconder e incomunicar a la víctima para que no se sepa quiénes son sus captores, ni que pasa con ella. Esta es la razón por la cual la información sobre quiénes cometieron las desapariciones es escasa, y es común la falta de testigos. A pesar de esto hay eventos sobre los que se conocen más cosas, fundamentalmente por la tarea de las familias que buscan a sus seres queridos. Con estos retazos de información se pudieron construir patrones y entender mejor el entorno de violencia qué los hacía posible.

Probablemente uno de los hallazgos más importantes de nuestro trabajo es que las desapariciones entre 2007 y 2017 fueron cometidas por una diversidad de agentes tanto estatales como no estatales. Esto desafió la narrativa oficial acerca de que las personas desaparecían por ajustes de cuentas entre miembros de grupos criminales. La gráfica siguiente ilustra la diversidad de perpetradores.

Gráfica 2: Tipos de perpetradores en la región Noreste de México (en %).

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Fuente: Elaboración propia con base en los datos del Observatorio sobre Desaparición e Impunidad en México construida a través de la información documentada por CDFJL, CADHAC, Grupo Vida, Alas de Esperanza y Familias Unidas.

Las desapariciones en el noreste de México entre 2007 y 2017 fueron cometidas por particulares, por agentes estatales de los tres niveles del estado, y también por grupos en los que actuaron conjuntamente agentes estatales y no estatales.

Las desapariciones que analizábamos respondían a una forma de ejercicio de la violencia multidireccional y multinivel (municipal, estatal y federal) que requirió desarmar nuestro conocimiento previo sobre desapariciones en otros contextos de violencia como los conflictos armados, o las dictaduras en el marco de la guerra fría, y pensar en las particularidades de los regímenes de violencia en que se perpetran las desapariciones actualmente. Identificar estas dinámicas nos llevó a problematizar las prácticas de la violencia en ese momento y en esos lugares; precisarlas era fundamental porque eran las condiciones que creaban las oportunidades para desaparecer. A esto lo llamamos el régimen de violencia.

En este contexto de involucramiento estatal en las desapariciones no es de extrañar que ante las denuncias y demandas de las familias las respuestas que obtuvieron fueran extremadamente deficientes. Son pocas las personas desaparecidas localizadas y es todavía más extraña la rendición de cuentas de los responsables.

La mayor parte de las personas desaparecidas en Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, continúan en ese estado aunque la proporción de personas localizadas no es la misma entre ellos.

Gráfica 3. Situación de la persona desaparecida en Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

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Fuente: Elaboración propia con base en los datos del Observatorio sobre Desaparición e Impunidad en México construida a través de la información documentada por CDFJL, CADHAC, Grupo Vida, Alas de Esperanza y Familias Unidas.

Sin embargo, las familias se organizaron para demandar conjuntamente al estado la construcción de nuevos órganos y una mayor participación en las políticas desarrolladas por éstas. Esto nos generó nuevas interrogantes.

  1. Las demandas de las familias y respuesta estatal. Intereses, inercias y resistencias.

Luego de activar los relojes, los calendarios, los mapas, los rastros y los patrones, y haber podido comprender algunas de las características de las desapariciones, quisimos responder a otra pregunta: qué estaba pasando con estas nuevas instituciones resultado de las demandas del movimiento social surgido por las desapariciones.

Las instituciones emblemáticas de estas demandas fueron las Comisiones de Búsqueda de Personas y las Fiscalías especializadas en el tema. Las comisiones de búsqueda son nuevas, en cambio las fiscalías especializadas se insertan en instituciones con legados profundamente contrarios a la rendición de cuentas por estas prácticas, aunque claramente – desde el punto de vista de las familias- constituyen un espacio del que en mayor o menor medida se han apropiado.

A pesar de eso, estas nuevas instituciones están en la periferia del estado. Su presupuesto y capacidad son muy reducidas teniendo en cuenta la magnitud del problema. Sin duda hace falta mucho camino por recorrer.

Algunas reflexiones finales

Con el grupo que compone el ODIM siempre decimos que además de los resultados concretos sobre las dinámicas de las desapariciones, nuestro segundo aprendizaje fue el de pensar y desarrollar herramientas para conocer quién desaparecía, quiénes los desaparecían, y cómo respondía el estado.

En este camino hemos utilizado diferentes herramientas que emularon la ductilidad del estetoscopio, sin embargo, tenemos asignaturas pendientes siendo una de ellas desarrollar herramientas que emulen al microscopio para alcanzar lo invisible sin el aumento necesario tanto de las prácticas de desaparición como de las respuestas del estado a éstas. Hacia esto apuntamos.

 

*Investigadora (IIJ-UNAM y FLACSO-México)

 

[1] Para intentar comprender las dinámicas de las desapariciones que tienen lugar a partir de la denominada guerra contra el narcotráfico iniciamos el Observatorio sobre Desaparición e Impunidad en México (ODIM) en el que colaboramos investigadores de cuatro instituciones: FLACSO-México, el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, el Programa de Derechos Humanos de la Universidad de Minnesota y la Universidad de Oxford. A fin de delimitar el alcance de la iniciativa realizamos un seminario en la Universidad de Minnesota con organizaciones de la sociedad civil nacionales y locales y otros colegas académicos. Posteriormente el ODIM trabajó de manera colaborativa con Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos (CADHAC) de Nuevo León, y el Centro Diocesano Fray Juan de Larios (CDFJL) de Coahuila, además de otros organizaciones asentadas en la Ciudad de México. Los trabajos del ODIM fueron posibles gracias al generoso apoyo de : Newton Fund de Gran Bretaña, Open Society Foundations Human Rights Initiative, CONACYT.

 

Foto principal: CIDH/Flickr

Acerca de Justicia en las Américas

Este es un espacio de la Fundación para el Debido Proceso (DPLF, por sus siglas en inglés) en el que también colaboran las personas y organizaciones comprometidas con la vigencia de los derechos humanos en el continente americano. Aquí encontrará información y análisis sobre los principales debates y sucesos relacionados con la promoción del Estado de Derecho, los derechos humanos, la independencia judicial y el fortalecimiento de la democracia en América Latina. Este blog refleja las opiniones personales de los autores en sus capacidades individuales. Las publicaciones no representan necesariamente a las posiciones institucionales de DPLF o los integrantes de su junta directiva. / This blog is managed by the Due Process of Law Foundation (DPLF) and contains content written by people and organizations that are committed to the protection of human rights in Latin America. This space provides information and analysis on current debates and events regarding the rule of law, human rights, judicial independence, and the strengthening of democracy in the region. The blog reflects the personal views of the individual authors, in their individual capacities. Blog posts do not necessarily represent the institutional positions of DPLF or its board.

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